Son ya muchas las veces que nos hemos dedicado a parangonar cualquier realidad o situación con la manera que tenemos en esta web de aproximarnos a las tareas de la casa. De desmenuzar su comprensión de cara a quienes tengan a bien leernos. Pero esta vez, para mi gusto, la comparación se lleva la palma.

Dicen que sólo hay un 3% de la población mundial interesada en la música clásica. Y que desaparecen sin remedio orquestas y compañías de grabación… Si quienes viven de la música clásica se fijaran en ese 3% en lugar de vivir pensando en el 97% que pueden ‘conquistar’, estaríamos realmente muy cerca de firmar su partida de defunción.

El caso es parecido al de los vendedores de zapatos que llegan a África a principios del Siglo XX. Escriben un fax a Manchester. Uno de ellos les dice: “No hay nada que hacer, no usan zapatos”. Y el otro en cambio: “Oportunidad gloriosa: no conocen los zapatos aún”. A ese 97% no es que no le guste la música, es que no la han descubierto.

En el hipotético caso en el que pudiéramos aplicar esas mismas cifras al interés que se tiene por las tareas de la casa, podríamos decir que exactamente eso es lo que está pasando con las tareas de la casa: no es que no gusten, no es que produzcan rechazo, es que están por descubrir. Es que tienen tal potencial que no hay ciencia que lo abarque.

Conviene desenterrar el interés por las tareas de la casa. No hace falta que nos demuestren lo bien que nos va en la vida cuando les hacemos un hueco, no ya en tiempo o dedicación -que es competencia de cada uno y de su organización- sino en importancia. Solo con pensar en que como punto de partida su misión es despertar las posibilidades de ser mejor en quienes son sujeto pasivo de las mismas, podríamos rellenar tesis y tesis doctorales.

Me declaro incapaz de creer eso que suele oírse por ahí sobre que hay gente negada para las tareas de la casa. Se te puede dar mejor o peor cocinar, pero ordenar, limpiar, quitar el polvo… está al alcance de cualquiera. Y hacerse la cama también. Por no hablar de sacar la basura. Además, me parece un error reducir las tareas de la casa a una mera ejecución de actos en favor de otros. Por supuesto eso está presente. Pero se trata de adoptar una actitud: la de tener en mente las 24 horas del día a quienes viven contigo. El resultado puede ser cierta inclinación a hacer algo por ellos, pero la mayoría de las veces va a ser mirarles a la cara y ver por dónde puedo avivar en ellos las posibilidades que tienen sus vidas. Ese es el poder que encierran: capacitar a la gente para que lleguen lejos con sus decisiones.

En nuestro ‘escenario’, quizás por ahí enganche ese supuesto 97% de cuota aún por despertar. Como en el caso de la música clásica.

Recommended Posts

Deja un comentario