Posted by L.Gant | ¿Qué tienen en común el ajedrez y los trabajos del hogar? Aparentemente nada. Menos que nada. Pero leyendo a Stefan Zweig la conexión es perfecta. Nunca sabré si él se dio cuenta alguna vez de la cantidad de similitudes que existen entre estos dos mundos tan dispares. Zweig –que yo sepa- no habla en ningún momento de este oficio. Pero es que ni de lejos. Sin embargo, gran parte de las descripciones que él hace de este ‘juego entre los juegos’, -como él define el ajedrez- me parece que encajan perfectamente con el trabajo del hogar. El ‘trabajo entre los trabajos’.

Y es que es éste un tipo de trabajo cuando menos omniabarcante. Un empleo que reúne en sus filas a los más diversos tipos de superioridad intelectual: físicos, matemáticos, filósofos, ingenieros, médicos, abogados, periodistas… mentes abstractas, naturalezas calculadoras, imaginativas y, a menudo, creativas. Igual que en el ajedrez.

En el caso que nos ocupa, el del hogar, se trata de mentes todas que se dejan invadir y cautivar las 24 horas –porque tiene mucho de actitud vital-, por el arte de sorprender al contrario a base de dedicarle fundamentalemente tiempo de cabeza. Pensar, pensar y pensar. ¿El qué? Pues en ambos casos una estrategia. En el ajedrez, para llegar al jaque mate. En el trabajo doméstico, “simplemente” para que ‘el prójimo’ se sienta en su casa con todas las de la ley.

Y este trabajo -que como cualquier otro por muy manual que parezca y sea termina como todos siendo intelectual-, a la vez deja paso a perfiles un poco más outsiders del mundo del intelecto. Gente sencilla, descomplicada, espontánea e inmediata… ¿Y qué tendrán ambos para ser capaces de reunir en sus filas a perfiles profesionales de tan diversa índole? En el caso del ajedrez, ni lo sé ni me importa. Pero en los trabajos del cuidado del hogar, puede que la clave esté en que ponen en contacto con la esencia de la persona. Y eso ‘universaliza’ esta tarea y, en consecuencia, hace que no tenga fronteras.

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