Posted by Moro Lena | Hace tiempo, fui al consulado de España en Roma para las típicas gestiones que suelen hacerse allí. En la antesala a las ventanillas donde despachan nuestras peticiones, una televisión nos anunciaba que Martín Berasategui hacía un homenaje a las amas de casa en su último libro de recetas. “Es la hora del reconocimiento”, pensé. Resulta que quizá empiecen a estar de moda todas aquellas mujeres que un día optaron por la noble dedicación profesional de atender su hogar. Están dotadas de esa sabiduría popular no adquirida en los libros, si no en el día a día. Los mejores análisis políticos se fraguan en el supermercado, entre compra y compra. Es allí donde se ve cómo está el patio.

Sin embargo, pensé también que todo homenaje sobra. Porque tampoco a los médicos, abogados, dentistas o profesores se les anda homenajeando. Cada cuál cumple con su deber. Todos tienen una profesión a través de la cuál servir al resto. Y aquel caballero que nos arregla los zapatos, se dedica a ello tan de lleno como ese otro que nos realiza una operación médica.

Pero seguí pensando y -no me lo explico- se abría camino con fuerza la idea de que en el caso de las empleadas de hogar hay algo más. Son todas las profesiones en una sola. ¿Por qué? Porque se dedican a ocuparse de cada persona.

No se las ve. Están en casa. No puede decirse que tengan una frenética vida social. Pero el trabajo que realizan es tan atractivo como inexplicable su fuerza de atracción. Como siempre, la actitud marca la pauta. Todavía más si pensamos en las amas de casa, que son un perfil distinto aunque el oficio sea el mismo. Para realizar bien su trabajo en la mayoría de los casos no media un sueldo. El único incentivo para ellas es tener cuanto más contentos al resto mejor. Pero volvamos a las empleadas de hogar, para las que hay contrato por medio y seguridad social.

Y es que ¿quién no ha tenido alguna vez el momentáneo pensamiento de promover a su empleada de hogar como presidenta del Gobierno? No a pocas personas les ha pasado que al descargar sus cotidianos problemillas en plena cocina se ha topado con una o dos ideas geniales provinientes de la discretísima empleada de hogar. Las de ‘toda la vida’ . Saben estar en su sitio. Se puede contar con ellas. Son esa clase de figuras intermedias que tanta falta hacen en la sociedad.

Además de cumplir con su oficio, destacan por otras funciones auxiliares. La más importante: la de escuchar. Me contaban hoy mismo de una señora de Chile que va a la peluquería con papel y boli para apuntar ideas, soluciones de problemas e incluso recetas de cocina, surgidas a raíz de las conversaciones que entablaba con su peluquera… Corta el pelo y sabe escuchar como muy pocas personas.

Y es que ese tipo de profesiones intermedias son las que le dan la dosis de humanidad que le falta al engranaje social que a diario mueve el mundo laboral. Porque hay por ahí mucha cara de perro agobiado y tampoco es para tanto. Se puede llegar -y muy bien- a lo que a diario llamamos “cumplimiento del deber”, en buena parte gracias a gente como la que está ahí acogiendo a quien pase cerca y requiera de su atención.

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  • Mart
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    Muy bueno Moro!!!!!

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