El otro día en el aeropuerto vi una publicidad demasiado buena (como dicen en Chile). Era de un banco. Una diseñadora, un artesano, un fotógrafo, un mecánico… salían fotografiados en escenas independientes haciendo su trabajo. Cada cual más distinto. Poco les unía, salvo dos características: una, que todos ellos desempeñaban un oficio manual. La otra, que me parece más llamativa todavía y eso que a primera vista no me di cuenta, es que se les veía ‘perdidos’ en su trabajo. Totalmente concentrados. Hasta el punto de que al ver el anuncio, los ojos se iban sin remedio a esa tarea que tenían entre manos y no tanto a quienes la desempeñaban. La ausencia de protagonismo era total. ¿El mensaje?: “Hay una Italia que hace hablar al trabajo. Desde hace 100 años escuchamos a esta Italia”. Me encantó. Concentración y anonimato. Intensidad al trabajar y no dejar firma. “Hacer hablar al trabajo”. Me gustó mucho esa manera de dar paso al propio oficio, utilizándolo como canal de comunicación para decirle al mundo que todavía hoy hacen falta ese tipo de profesiones… más mecánicas que otras. Ese tipo de servicios. Y que la profesionalidad al desempeñarlos conduce a renunciar de plano a cualquier reclamo del yo.

Dejando a un lado el tipo de bonificación que tenía preparado ese banco en cuestión para este perfil de profesionales, pensé que hay que tener mucha categoría para conseguir que trabajos aparentemente tan triviales sean vistos con tanta distinción

Y me pregunté en qué otra ocasión había visto yo tanta intensidad trabajando… Y sí, ha sido en este mismo campo laboral que nos ocupa: el de las tareas del hogar. Las he visto planchando, limpiando, cocinando, cosiendo… y siempre me llama la atención eso: su concentración y su anonimato. Me hace pensar que merece la pena cualquier tarea de las que se traen entre manos. Y no es que tengan un don especial, simplemente es que meten todos los sentidos al trabajar. Vuelven apetecible cualquier tipo de servicio. Se ve esa humildad tan característica de quien tiene comprobado que el servicio encierra una sabiduría tan profunda como asequible. Y ni loca renuncias a ella.

En el anuncio que vi, esos profesionales hacían ver que con eso es con lo que aportan al bien común y por eso se juegan todo el potencial que tienen para llevarlo a cabo. Hacer hablar al trabajo y punto. No tener que dar explicaciones. “Lo que yo hago es útil a la sociedad y por eso pongo en juego mi habilidad. Mi destreza. Mi genio. Mis ideas. Mi carácter”. ¿De qué habla nuestro trabajo? ¿De que es importante lo que tengo entre manos? ¿De lo bien que está hecho? ¿De lo cansada/o que estoy? ¿De que no tengo tiempo? No deja de ser llamativo que los del banco se fijaran en ese gremio de trabajadores. Y que le otorguen visibilidad a profesiones de ese calado y no a otras. Me pareció que todos ellos conseguían propagar su mensaje: que a la sociedad debería importarle la respuesta profesional que se está dando desde este tipo de oficios. Así que, ‘veinte puntos’ por el respaldo bancario que quiere darle esa entidad a estos profesionales y otros veinte para los publicistas que pusieron en marcha esa campaña…

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