El proceso para realizar esta entrevista fue el mismo de siempre. ¿El resultado? Diverso. Una lectora incondicional -que es además uno de nuestros grandes apoyos y una fuente de ideas sin desperdicio- nos sugirió la posibilidad de hacerle una entrevista al rejoneador Antonio Domecq. Como siempre, le hicimos preguntas relacionadas con el trabajo del hogar con la idea de que nos dijera qué piensa él de este trabajo, cómo se lo toma en su propia casa y qué opina del reconocimiento social que tiene hoy en día.

En casos así, da igual el camino que se escoja. “Voy a dar mi opinión al respecto en líneas generales, no voy a responder a las preguntas de una en una”, nos dijo. Y nosotras nos adaptamos.

Lo que importa es la meta a la que se llega. De ahí que esta entrevista sea como es: más bien escueta. Pero no por eso dejan de decirse em ellas verdades contundentes, de las de toda la vida. Esas en las que todos deberíamos estar de acuerdo. Igual que estamos de acuerdo en la definición de los colores, por ejemplo. “Lo primero de todo te diré que como cualquier otra profesión para mí merece todo el respeto del mundo”.

Para él, jinete que -como buen profesional de lo suyo- se juega la vida en la plaza, “la dignidad de una profesión la pone la persona que la realiza, todas son igualmente dignas y deben de ser valoradas”. Por descontado, también la de aquellas personas que escogen servir por haberlo considerado importante. Y el servicio que presta un rejoneador… ¿cuál es? El de ofrecer arte con su trabajo. También en el hogar se ofrece arte. Otro tipo de servicio. “En mi casa de pequeño así me lo enseñaron y yo ahora a mis hijos trato de inculcarles lo mismo, a respetar y valorar el trabajo ajeno. Todos los trabajos son importantes y sirven para servir y ayudar a los demás, por lo tanto son igualmente respetables”.

 

Y… ¿Tiene algún recuerdo en torno a este tipo de trabajos o de aquellas personas a las que de pequeño veía trabajar en cosas de la casa? “Yo tengo muy buenos recuerdos. De hecho, todavía mantengo contacto directo con la gente que se dedicaba en mi casa a este tipo de trabajo. Insisto, a mis hijos les enseñamos a valorar a la persona en sí misma, no por el cargo o la profesión a la que se dediquen. Lo que cuenta es la persona y la dignidad con la que realiza su función. Todas son importantes y necesarias”.

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