Posted by L.Gant | Hará ahora no más de un mes que le pasó. Me lo contó una amiga que lo vivió en primera persona. Ella sale de la oficina y suele comer después del trabajo en el mismo sitio y, si todo va bien, a la misma hora. Pero aquél día se retrasó. Y, además, bastante.

Aún así probó suerte y se asomó a la cafetería por si aún estaba abierta. Mala suerte: estaban recogiendo. Su intento olía a fracaso. Todo barrido y fregado. Las sillas apiladas. La cocina completamente apagada. Pero al identificarla una de las que trabajan allí diariamente, le abrió la puerta sin dudarlo. Mi amiga se adelantó a darle algún tipo de explicación: “Perdóneme pero hoy se me hizo tardísimo y”… La incipiente excusa de mi amiga fue sobrevolada por la respuesta de la empleada. Fue inmejorable. Muy ágilmente y con buen ánimo le dijo “No se preocupe, nosotros siempre estamos aquí”.

Ni queja, ni victimismo, ni visos de pesadumbre o hastío. Profesionalidad. Y, como si el día no hubiera empezado todavía, le sirvieron el menú mejor que nunca.

Incondicionalidad. No sé si por ahí se habla de esta actitud como valor profesional. Una vez más, la realidad va por delante en algunos sectores profesionales. Concretamente, en los trabajos vinculados directamente a la atención de las personas.

Desconozco las teorías sobre competencias profesionales, aptitudes, fortalezas y debilidades. Pero conozco a la gente con la que trabajo en el ámbito profesional del hogar y compruebo con admiración que pocas veces fallan. La técnica, los conocimientos, el saber hacer, suman. A veces, incluso, nos parece que son definitivos. Pero yo cada vez estoy más convencida de que no.

Por encima –pienso que muy por encima- está el demostrar que el interesado en servir, soy yo mismo. Que me interesa y me hace disfrutar ver a la gente bien atendida. Es otro de los factores clave que estoy descubriendo en este trabajo: se puede contar con la gente. El servicio es lo que más les completa el curriculum. Avala su porvenir profesional. Y es que fomentarse el interés por servir es el mejor máster que se puede hacer en la vida, trabajemos donde trabajemos…

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Showing 6 comments
  • beatrizmercedes
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    Desde luego que estáis haciendo una labor revolucionaria sobre los trabajos del hogar. Siempre digo que cuando esta labor la hacen los miembros de la familia para consolidar ese nuevo ser que nace con el matrimonio, es más que profesional. Es trabajo familiar sin más título. En cambio cuando una misma lo realiza en otra familia sí puede llamarse profesional. Esto tiene tela que cortar, pero a ver si vosotros que lo hacéis tan bien, tenéis la tijera intelectual afilada y el corazón pleno de misericordia. BBP

  • maria del mar
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    Totalmente de acuerdo!

  • ÁlvaroLP
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    Muy bueno, Me quedo con la última frase!!!

  • María Francisca Coma
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    Lo mismo digo. ¡Fantástico trabajo!

  • Cristina Sicardi
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    Me encantó…y fijate que aquí, en mi querida ciudad está ocurriendo lo contrario, entras a un lugar a comprar algo y las empleadas conversando, te hacen esperar, luego como de lástima te atienden, y además por la situación que estamos viviendo no es que se venda tanto, por lo que hemos decidido en la familia, cuando nos sentimos bien atendidos, preguntarle el nombre a la empleada, y elevar una felicitación a su jefa, porque lo que debería ser normal…una atención cordial, es algo de destacar cuando ocurre. Mil gracias por compartir este artículo, lo desparramaré por los negocios!!!!!

  • Nieves
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    Excelente! Y me planteo lo mismo que Beatriz Mercedes, el trabajo del hogar en otra familia, distinta de la de uno: eso es profesión que puede ser elegida, ¿o no? Yo pienso que si, pero hace falta pensar bien este asunto…

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