Foto: Luna sobre el Pont de Québec (Canadá)

Posted by Anduriña | Llevaba días intentando describir lo que he vivido durante este tiempo… Y me alegro de no haber encontrado las palabras. Hay cosas que es mejor que no limitemos a palabras, que muchas veces no pueden expresar la realidad. Pensaba en cómo definir lo que a una persona le lleva a darse cada vez más, estando rodeada- como lo estoy ahora- de gente cuyo objetivo es que otros descansen. Me preguntaba qué les puede mover a no pensar en beneficios, a no pensar en su bienestar si no en el de otros a los que atienden o cuidan. Además, esto no tiene límites: se empieza y continuamente se está pensando qué más hacer. Es un círculo vicioso, pero de los buenos.

Llevo varios años dando clase sobre motivación, trabajo en equipo, leadership… Todos estos temas -no voy a mentir- me apasionan. Pero en realidad hay algo que todavía me gusta más y es la fuerza del silencio. Hace poco una buena amiga me habló del anonimato y, como siempre, me hizo pensar. Ultimamente, no sé por qué, valoro más los hechos que las palabras, esos hechos concretos y palpables, que son manifestación de algo que hay dentro. En cambio no son pocas las veces en las que, ante alguna circunstancia, me veo tarareando las palabras de la canción italiana tan conocida “Parole, parole”.

Nunca olvidaré el día en el que al llegar a casa después de haber estado todo el día fuera -concretamente había tenido una presentación oral en italiano…que no me resultaba muy sencilla-, encontré unas flores en mi habitación sin ninguna nota. Tampoco pregunté quién las había dejado. Preferí disfrutar pensando en la posibilidad de que cualquiera podría haberlo hecho. Cuando pienso en las personas que más me han ayudado me suelo acordar de hechos, pocas veces de palabras.

Si pienso en la fidelidad pienso en hechos. Lo mismo en la amistad y también en el servicio. Hechos: la mesa puesta, la ropa limpia, las ventanas abiertas o cerradas, el llegar a una habitación y encontrarla con una temperatura agradable, porque alguien pasó antes por allí y se encargó de encender la calefacción o el aire acondicionado…

Esa es para mí la fuerza que tiene el silencio. Ese mismo silencio que se transforma en detalles, hechos, gestos y que puede que no tenga explicación. Por eso creo que esta buena amiga mía me habló del anonimato. Porque estamos acostumbrados a buscar una explicación para todo y a dejar huella, o tratar de dejarla, en todo lo que hacemos. Pero ¿y si no hay explicación? O mejor aún ¿y si aunque la hubiera no es tan sencillo ponerla por escrito?

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