Posted by L. Gant| Ante la duda… dar gusto. Esto es lo que concluí hace un mes tras una brevísima pero intensa conversación sobre -¿cómo no?- el trabajo del hogar. La discusión se centraba en lo de siempre: ¿Hasta dónde debe llegarse cuando se trata de este tipo de tareas? En esa cháchara, había quienes -sin pretender quitarse trabajo de en medio como objetivo principal- optaban por renunciar a hacer algunas tareas de la casa. Su argumento era que hay que combatir el ‘que me lo den todo hecho’. Otros querían ganar tiempo para poder llegar a realizar tareas igual de interesantes y necesarias que las domésticas…
Pero entre todas ellas, me llamó la atención una que razonó -pensando en alto-, sin buscar imponerse, que lo nuestro es dar gusto. Lo más nuestro, es ‘sencillamente’ eso: dar gusto.

En el momento en el que una persona se decide a asumir cualquier tarea relacionada con el servicio, ese es el trasfondo y el resumen de la decisión que tomó.

Pocos trabajos pueden llegar a entenderse así de esa manera tan radical y tan absoluta. Y muchos menos son los que mantienen a los trabajadores en ese empeño convirtiendo sueldos y otros tipos de alicientes en nada y menos que nada, al lado de esa paga tan preciada como es la de saber que así, tan a gusto, es como se encuentran los destinatarios de tu trabajo. A dar gusto. A eso hemos venido.

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  • Marta
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    Magnifica conclusión!!! Nos ponemos a ello!!!

  • Rosa Maria Rius
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    Gracias por recordárnoslo!!!
    A eso hemos venido…. Y nos sentimos más que felices haciéndolo a diario.

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