Empieza la época de los que supieron esperar. De los que apostaron por darle prioridad a la atención de las personas, al desempeño de las tareas domésticas buscando la excelencia. De los que apuntan al largo plazo para recoger beneficios. De los que desempolvan costumbres tan buenas como darle relieve a “las relaciones personales, la familia, los amigos, la lectura, el silencio, las conversaciones en torno a una comida, un café o unos pasteles”… Esta es la principal conclusión que saqué cuando leí El despertar de la señorita Prim, novela escrita por Natalia Sanmartín Fenollera. Y es que me encontré con una revalorización de lo que en la infancia siempre fue un indiscutible valor al alza: las meriendas. Ese típico encuentro que hoy en día se ha convertido en un lujo que desechamos con demasiada facilidad. Y que detrás tiene el tiempo y el ingenio que alguien le dedicó al preparar esa comida. Es decir, trabajo. Trabajo vinculado al hogar. Lo que dice y piensa esta escritora -que en su caso son acciones coincidentes, lo que no siempre pasa-, lleva a una forma de vida tan añorada como insólita. Aunque, bien mirado, podría estar al alcance de cualquiera si nos empeñáramos porque como afirma Natalia “son las personas normales las que impulsan los cambios profundos en la sociedad a veces sin ser conscientes de ello”.

1.- ¿Qué es para ti ‘hogar’? ¿Cómo recuerdas el hogar en el que creciste? Para mí, mi hogar es mi familia y el lugar cálido, seguro y confortable en el que esa familia se reúne. Tengo mi propio hogar, pero también sigo disfrutando del hogar donde crecí y en el que todavía, afortunadamente, nos reunimos todos.

2.- ¿Por tu trabajo, puedes dedicarle algo de tu tiempo a estas tareas? ¿Qué es lo que mejor se te da en las tareas de la casa y qué llevas peor? ¿Algún recuerdo sobre quién te enseñó de pequeña a hacer alguna tarea de la casa? La verdad es que no demasiado tiempo. Llego muy tarde a casa del trabajo, así que no me queda más remedio que delegar la mayor parte de las tareas, porque si no fuese así el hogar se convertiría en un lugar inhabitable. Me gusta el orden, la belleza y la limpieza. De los dos primeros me ocupo yo, la tercera tarea es la que tengo que delegar. ¿Recuerdos? Tengo seis hermanos, en mi casa había suficiente ayuda doméstica, pero cuando perteneces a una familia numerosa aprendes necesariamente a colaborar desde muy pequeño. Y es una lección valiosa.

3.- ¿Dedicar tiempo a estas tareas es perder el tiempo? Si te quita tiempo para leer un libro, para escribir un libro… ¿qué es más trascendente, el libro que puedes escribir y que hace pensar a tantos… o el café -por poner un ejemplo- que preparas para los tuyos? ¿Ese café trasciende como el libro? No creo que sea cuestión de elegir una cosa u otra, sino de buscar el momento para cada una. Yo creo que hay una forma ordenada de hacer las cosas, debe haber -y hay- un tiempo para cada cosa. No se escribe un libro de la nada; los cafés, las charlas, las personas y las viviencias ayudan a escribirlo. Pero también hay que tratar de hacer una pausa en la actividad diaria, aunque sea un pequeño rato antes de dormir, para cultivar el silencio, el alma y el intelecto.

4.- En tu libro a mí me diste a entender que en San Ireneo le dan importancia a la acogida de las personas con unas buenas meriendas y buenas conversaciones… ¿Podrías hablar de por qué consideras importante no perder ciertos hábitos en esa dirección? Yo creo en una vida vivida a una escala humana; es una vieja idea, la idea de que el mundo está hecho para el hombre, no el hombre hecho a la medida del mundo. En el último siglo hemos perdido radicalmente esto de vista.

La vida moderna nos ha obligado a adaptarnos a unos horarios desorbitados, a unas exigencias desorbitadas, que impiden que prestemos atención a lo verdaderamente humano: las relaciones personales, la familia, los amigos, la lectura, el silencio, las conversaciones en torno a una comida, un café o unos pasteles. Creo que haber convertido eso casi en un lujo explica muchos de los problemas que tenemos hoy en día.

5.- ¿Ves diferencias entre la manera de gestionar el hogar en España con respecto al resto de Europa? ¿Crees que delegamos estas tareas excesivamente? No tengo suficiente información para opinar sobre esto. Tengo amigos en distintos países, pero no tengo el detalle de cómo organizan ese ámbito, aunque tengo la sensación de que los horarios más racionales que existen en algunos lugares ayudan a organizarse mejor.

6.- ¿En qué consiste la profesionalidad en las tareas del hogar? Supongo que en valorar y hacer del mejor modo posible y con la mayor dedicación posible esas tareas. Pero no sé si me gusta del todo ese término. Todo lo que se profesionaliza gana algo y pierde algo también. Yo creo que todo lo uno hace por el bien del hogar y de la familia va bastante allá de la profesionalidad.

7.- ¿Por qué será que es una de las ocupaciones que menos se escoge como primera opción profesional? Por lo mismo, porque es mucho más que una profesión y exige un nivel de entrega mucho mayor que cualquier trabajo. Puede ser una profesión para quien trabaja prestando ese servicio a cambio de una remuneración, pero para quien lo elige libremente, sin contraprestación económica ni horarios tasados, creo que es minimizarlo llamarle profesión.

8.- ¿Quiénes y cómo se llevan el protagonismo en la mejora de la sociedad? ¿el mundo intelectual, artístico, político, económico? Yo diría que ninguno de ellos. Los cambios profundos, los importantes, no se ven en tiempo real, tardan mucho en dar frutos. Son las personas normales las que los impulsan, a veces sin ser conscientes de ello. No creo en los cambios de arriba a abajo, ni en las revoluciones, ni siquiera en las leyes que “arreglan” problemas. Hay un tapiz silencioso en la historia que teje mucho más eficazmente que todo ello.

9.- ¿Qué lugar ocupa el trabajo del hogar para el cambio de mentalidad que necesitamos? Creo que tenemos que tratar de recuperar el amor por las cosas bien hechas, también en el hogar. Es algo muy difícil, una batalla diaria, pero hay que intentarlo.

10.- Si te propusieras elevar el reconocimiento que tiene el trabajo del hogar a nivel social ¿Por dónde empezarías? Por pedirle a mucha gente que deje de utilizar frases despectivas (“me paso el tiempo haciendo de maruja”) cuando se refieran a la parte de nuestras vidas que dedicamos a nuestro hogar.

11.- En una entrevista hablas de los libros. Cuentas que tu padre os dejaba la biblioteca abierta para leer lo que vosotros quisiérais… ¿Alguna obra para recomendarnos en la que se pueda leer sobre este tema? Todos los clásicos, todos los cuentos de hadas, todas las sagas medievales, las viejas leyendas y los romances. Pero hay una preciosa novela que se ha reeditado hace poco en España que es una delicia: Un abril encantado, de Elizabeth Von Arnim.

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Showing 4 comments
  • Cristina Sicardi
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    Sí…es que yo creo que “no me paso el tiempo haciendo de maruja” sino buscando la forma de que todos estemos mas felices…y ojo que yo pienso que Maruja quizá sea muy feliz haciendo lo que yo no puedo o no llego y se sienta parte de la familia también!!!!!!!!!

  • Cristina Sicardi
    Responder

    ¡Me encantó este artículo! además de suma actualidad. Yo recuerdo a la novia de uno de mis hijos (que por suerte no fue más) que me dijo….mientras me veía trajinar un sábado, que como siempre nos reuníamos todos a almorzar en casa, “qué pena me das siempre con tanto trabajo”… y pena me daba ella a mi que no pudo entender que yo soy feliz haciendo lo posible por servir a todos, y reunir a la familia. Hoy la familia ha crecido, ya somos 30 de 78 años el abuelo a 7 meses Teresita la nieta menor; los nietos más grandes aprenden a servir, alegremente, mientras colaboran y seguimos reuniéndonos los sábados !!!!!!!!!!!!!!Es que yo creo, que mirado así, el trabajo del hogar es muy gratificante!!!!!!!!

    • Cuatro Frases
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      Gracias Cristina. Claro que sí: muy gratificante. De todas maneras dile que en otros ámbitos distintos al del trabajo del hogar también se trabaja mucho mucho mucho…

  • Mariela
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    Muy buena la entrevista y concuerdo lo que ella dice. ..que todo hay que saber elegir en el momento adecuado y la idea es de que la casa sea un hogar. Siempre me dicen las madres que trabajan además fuera de casa aquella frase de “las madres que trabajamos” …. yo no tengo jefe ni sueldo pero también trabajo desde la mañana hasta la noche. Hay que ser profesional cuando elaboramos un menú o ayudamos a un hijo en los deberes. Por eso pienso como ella que primero hay que empezar por valorar el trabajo que se hace en el hogar.

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