Posted by L.Gant  | Lo de los estados de ánimo es un campo sin fronteras. Cuando trabajaba en el periódico, escuché a uno de los jefes de sección que, si algo le ponía nervioso, era la gente con mal humor. Y la verdad es que se agradece -y mucho- cuando te encuentras lo contrario. Sin ir más lejos, hace dos semanas leí una redacción de mi sobrina en la que le pedían hacer una descripción de la persona a la que más admirase. El elegido fue su padre y la cualidad que destacaba… que siempre está ‘de buen genio’ -es decir, de buen humor-.

No hace mucho tiempo coincidí con una persona que no me había dado una impresión favorable. Uno de los motivos era su indeseable mal humor. Pero todos sabemos que hay que ser ecuánimes… porque las opiniones inmediatas son, a menudo, injustas. Le di varias oportunidades para intentar entenderla y meterme en la visión de su problema, que es un gran consejo que recibí desde mi niñez: calzar sus zapatos diríamos en mi país, España. Pero cada gesto, cada palabra y cada observación, eran una ‘obra maestra’ de afirmación de sí misma. Y a cualquiera le repele ese asfixiante egocentrismo.

Al fin, un buen día, acepté la invitación de ir a tomar café a su casa. La recorrí con ella. El espectáculo era deprimente: sucia, mal decorada… Tenía arreglos por todas partes, con sus consiguientes intentos por repararlos, pero siempre eran torpes o insuficientes. Todo allí te invitaba a volver sobre tus pasos y atravesar de nuevo la puerta en dirección a la calle. Pero todo eso junto iba provocando gradualmente el efecto contrario: confirmaban mis sospechas y multiplicaban las oportunidades que empecé a distinguir para mis propósitos. Ahora se verá por qué. La solución estaba a nuestro alcance.

Todo el mundo, antes o después, vuelve a casa. A su casa. Y una vez allí -se viva solo o acompañado-, cada cuál se encuentra consigo mismo. Y se podría añadir que se establece una relación con la propia casa. Es inevitable. Alguna vez escuché que el estado de las casas refleja en gran medida a las personas. Al principio, me pareció una sandez. Me sonaba a determinismo. Pero hace ya tiempo que me convencí de lo contrario: tiene todo que ver. Es más, lo dije hace una semana en un aula de una universidad pública de aquí de Roma y todos asentían demostrando estar de acuerdo. Expliqué que incluso el humor se ve afectado por lo ordenada o desordenada que tengamos la cocina, el cuarto de estar o la habitación.

Resulta que no solo importa tener la casa bien para los demás, sino que conviene tenerla bien empezando por el bienestar de uno mismo.

Tiene tanto poder tener la casa en orden, que incluso cuando se está en un mal momento, en muchos casos la solución empieza por dedicarse a revisar si en casa tenemos bien atados los cabos. Es como aquel proverbio chino del que me hablaron alguna vez, que dice: ” Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu casa”. No es el cien por cien de la solución, pero sí un buen porcentaje de la misma.

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Comments
  • Tet
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    Magnífico artículo y muy certero!!! La alegría de una casa tiene muchísimo que ver con el ambiente acogedor y limpio de la misma. Gracias por recordarlo!!!

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