Posted by L. Gant | Dos ideas. Que todo funciona igual y que todo funciona gracias a lo pequeño. Eran exactamente las 16:23 horas cuando cogí el tren desde Roma hacia la zona de los Castelli. El calor era tan sofocante que al caminar por el andén comprobé unas tres veces cómo estaba la suela de mis zapatos, pues las condiciones climáticas me hacían sospechar sólo una cosa: que se me iban a derretir antes de introducirme en el vagón. Finalmente, llegué bien. Las suelas estaban íntegras. Calor, calor, calor. Sólo hubo una conversación que pudo sacarme de esa horrible sensación. Eran dos quienes mantenían el diálogo una fila más allá. Sólo una fila, así que escuché bien cada palabra. Ya en la segunda frase no pude evitar sacar mi cuaderno para apuntar. La idea era sencillísima. Todo el mundo la ha pensado alguna vez más o menos conscientemente. Pero yo nunca había sido testigo de eso. Mucho menos dicho en italiano, que me suele sonar mejor. Si la pensé, siempre quedó dentro. Nunca la dije en alto.

Eran dos chicas jóvenes. Una le comentó a la otra que le gustaba imaginar el mundo como una gran máquina. Un engranaje en el que cada pieza por mínima que sea, tiene su sentido. Y, si falla el funcionamiento de esa pieza, la máquina no marcha. “Tú y yo -concluía la niña- igual. Somos piezas. Estamos en el mundo por algo”.

Sólo cuando una idea se pone en marcha, una se sorprende de que se pueda andar tan lentamente y, a la vez, avanzar tan rápido. De a poco. Así funciona todo: el mundo, el tren, la lavadora, el ordenador… Cada pieza es importante. Parece lento, pero es así. De a poco se avanza rapidísimo.

Con el trabajo del hogar, con todas esas tareas que son consecuencia de querer tener bien contentos a quienes viven contigo, pasa una cosa, y es que palpamos los mecanismos del alma, como leí una vez en una de esas brillantes descripciones que hace Stefan Zweig. Por eso nos puede parecer que el avance no se da, porque los mecanismos del alma tardan mucho en ponerse en marcha. Pero en esa aparente lentitud, lejos de acostumbrarnos o de darlo todo por sabido, nuestro respeto por la Humanidad se acrecienta sin remedio. Un respeto ante algo que ya sabemos desde siempre cómo va, cómo funciona, cuál es su ritmo en el tiempo. Las posibles reacciones y opciones de futuro. Pero no dejamos nunca de sorprendernos.

Es lo mismo que explica él sobre los rayos. El hombre moderno, aun sabiendo que el rayo es un fenómeno eléctrico, una tensión y una descarga de la atmósfera, no lo considera menos violento que las generaciones anteriores. Tampoco el mejor conocimiento que tenemos de los mecanismos del alma nos hace menguar el respeto por la Humanidad y por lo inexplicable que lo creó, por lo divino.

No estoy segura, pero creo que esto es lo que hace que los trabajos del hogar se nos hayan vuelto tan apasionantes. Y lo que ha hecho que cada vez seamos más conscientes, más libres, por tanto y, aunque suene conflictivo o chirríe, más comprometidos.

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Comments
  • FF
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    Enhorabuena por este post, me ha tenido muchos minutos (y me harán falta muchas horas y días más) leyéndolo y releyéndolo…para intentar comprender la dimensión de esos avances de poco a poco que tanto cambian el mundo y a las personas…Gracias por ese post, y otra vez enhorabuena (has pensado en publicar en un periódico???)

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