Posted by L.Gant | ¿Cómo conviene abordar estos trabajos y la opinión que se tiene de ellos? Todavía no lo sé. Hace poco leí una entrevista bastante audaz a un tuareg que ahora mismo estudia Gestión en la Universidad de Montpelier. Él defiende a los tuaregs. Afirma que a veces hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía. Él no quiere que ocurra eso con el suyo. ¿Y cómo lo hace? Siendo quien es. No hace nada distinto a lo que le corresponde por naturaleza. Así nació y así está viviendo. Pero no es conformista. Lo que puede mejorar, lo mejora. De hecho, ahí está, estudiando en Francia para volver mejor dotado a su lugar de origen. Me pasa igual con el trabajo del hogar. Desde siempre lo vi a todas luces necesario. Y creo que su utilidad nunca va a ‘caducar’. La profesionalidad con la que se desempeñen puede que por momentos haya estado adormilada, pero cualquier día es bueno para espabilarla. Cuando no me dedicaba a este trabajo, pensé muchas veces que faltaba un poco de ‘chulería’ al desempeñar estos trabajos. Una pizca de orgullo del bueno a la hora de declarar que una se estaba dedicando a esto y no a otra cosa. Ser profesionales del hogar las 24 horas del día es cuestión de actitud. De elegir ir por delante en tu propia casa. Ser el que escoge el papel de quitapesares. Tomarse el servicio como una ganancia…

Cuesta encontrarse gente que le dedique tiempo a pensar cómo mejorar los modos, las maneras de hacer el trabajo ordinario de la casa

El tuareg de la entrevista describe con soltura su brillante aportación al mundo del que proviene: pastorear rebaños de vacas, ovejas y camellos. Todos ellos de su padre. Siendo noble su cometido, él no se quedó en eso. Salió a estudiar una carrera. No es que le pareciera que no haya futuro en ese estilo de vida. Al contrario: lo une a sus años de felicidad. Pero tampoco pacta con la inercia. Si puede sacar provecho de otras corrientes o modos de vida, lo saca. Envidiable actitud la del tuareg. Él dice que aquí en Occidente tenemos relojes, pero que allí, en su región de Tumbuctú, lo que tienen es tiempo. ¿Y qué hay del trabajo del hogar? Cuesta encontrarse gente que le dedique tiempo a pensar cómo mejorar los modos, las maneras de hacer el trabajo ordinario de la casa. En la mayoría de los casos -y por supuesto me incluyo- los hacemos de cualquier manera. “Lo importante es que salgan”, pensamos. Pero no. Eso mata las ganas de superarse. Es el atajo para adormilar o incluso dejar morir la profesionalidad en el trabajo del hogar.

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